miércoles, 2 de mayo de 2012

Un estornino de pico rojo cerca de un Macdowells!!!

            Esta mañana después de pensármelo y de seguir al Todopoderoso he tomado una determinación: El Deporte. ¿Qué es eso se preguntarán algunos que no pueden o sencillamente se la resbala? Pues verán es una cosa que se va dejando, se va dejando y después ya es demasiado tarde retomarla por alguna lesión o sencillamente porque te has hecho a este modo de vida sedentaria y no te da la gana.
Yo os cuento mi experiencia de esta mañana y ya os contaré el motor que ha hecho darme cuenta de su necesidad solo se llama amistad en el Puente Maldito.

Lo de puente maldito no es que he estado tumbado en el sofá cosa que mis admiradoras secretas así querían que me volviera un ford foca o algo por estilo. No me he superado, he salido primero he cumplido como digo con lo Pío y después he empezado a andar y he empezado porque hacía calor a quitarme capas  y hacer y ahora lo hago a poner en funcionamiento mi Goliat Recordeportivo.
He salido como digo he hecho el ocho...un circuito muy bien ideado para bajar cupela y/o andorguilla y he llegado a casa tan inspirado como Goya con su músico Boquerini en las noches de Madrid pero en este caso de Pamplona de toda la vida. Músico y música muy evocativa. 

Pero este no es el tema que nos trae aquí. Hay que hacer operación Vikingo para ellos. Vikini para ellas...
Te calzas las Nike, el chandal del Gymn y lo más importante la camiseta más trapera para sudar a mares surcando la ciudadela por encima de sus fosos, cruzando la avenida Pío XII a la Navarra para acabar en los chorros de Yamaguchi y así pasar de largo entre las cataratas y subir la cuesta de los grafiteros y seguir recto y con un poco de suerte meterte en el complejo de machines para estirar el cuerpo y tonificarlo. Lo he logrado he conseguido la tan preciada bici que un crío se había apoderado y he seguido el recorrido hasta casa bebiendo en una fuente que me he encontrado. Hasta he visto un estornino que no tenía miedo y que tenía el pico rojo. Todo él era negro menos el rojo de su ariete de caza y de picoteo de granos y migas de pan.


He pillado por fin el tramo final de Sancho el fuerte donde había unas comiendo patatas de Macdonals y me he dicho que suerte tengo de no estar ahí sentado. Me siento reconfortado y no anquilosado y pesado. 
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